Esperando el metro
El calor es insoportable. Empiezo a sentir cómo el sudor se forma en mi frente y empieza a escurrir. Hay papel en mi mochila, pero no puedo sacarlo apretado entre tanta gente. El metro no llega y en la estación ya no cabe nadie más.
Ya es tarde. Otra vez llegaré tarde.
Saco el celular de mi mochila mientras trato de no golpear a nadie y lo pongo frente a mi cara. No estoy seguro qué quiero ver, cualquier cosa está bien. Prendo la pantalla y miro las aplicaciones una y otra vez. Mi dedo casi sin quererlo abre Instagram, las imágenes cargan lentamente. Siempre es así en esta estación, el internet es tan lento como los vagones del metro.
Toco mis bolsas mientras las imágenes cargan. Ahí sigue mi cartera y el poco dinero que me queda esta semana. Ese dinero ya está gastado y sólo está esperando que lo entregue. La comida, el gas, quizá haya que comprar algo de la escuela, también hay que pagar el internet y el agua ya se está acabando. La renta es la próxima semana y las imágenes siguen sin cargar. Los pasajes, la colegiatura.
Poco a poco las imágenes van apareciendo, anuncios y más anuncios. Lentes, tal vez debería cambiar los míos en algún momento, un colchón, creo que hace poco quise comprar unas almohadas. Nunca he abierto alguno de esos anuncios, quisiera hacerlo alguna vez sólo para ver qué pasa, pero hoy sólo los paso de largo. Las imágenes siguen cargando lentamente, gente que no conozco va apareciendo. Ni siquiera estoy seguro que sean reales. Anuncios, anuncios, anuncios. Un video que no termina de cargar. Es tarde, como siempre, ya debe estar esperándome. Siento que estoy olvidando otra cosa que debo pagar. Quizá sea algo importante.
Sigo pasando mi dedo por la pantalla, pero no veo nada interesante. El metro sigue sin llegar. Cierro la aplicación y la vuelvo a abrir. Sigo pasando imágenes una tras otra, tras otra, tras otra, tras otra, tras otra tras otra tras otra tras otra trasotratrasotratrasotratrrasotratrasotrastrasotra
Levanto la cara. El metro va llegando, se siente el aire que lo acompaña y el sudor en mi frente se seca un poco. Se queda parado sin abrir sus puertas. Puedo ver a toda la gente dentro tratando de no tocarse y fallando completamente. Por fin las puertas anuncian que van a abrirse. La gente del vagón parece revolverse. Los de afuera nos juntamos un poco para hacer un pequeño camino y dejar que la gente salga. De la puerta salen como escupidas sólo dos personas. Los que están en frente empujan con fuerza y apenas logran entrar tres. Las puertas se cierran y yo sigo afuera. Aún hay gente frente a mí, es tarde. Hoy voy a hacerla esperar de nuevo, ya es tarde, para ella en especial es tarde. El vagón se va y no me queda otra que volver a ver el celular.
Aprieto el celular. Abro Instagram, lo cierro y lo vuelvo a abrir. Sigo pasando las imágenes, una tras otra, no estoy seguro que tan tarde llegaré, tras otra, tras otra, tras otra. Le envío un mensaje, pero no sé si lo ha visto. También es culpa del internet. Tras otrastrasotrastrasotratrasotra. Cierro la aplicación y busco otra cosa que ver, pero nada termina de cargar. Muevo mi dedo en la pantalla de arriba a abajo. Ya es tarde, ya es tarde. Las imágenes cargan poco a poco, otra vez anuncios y más anuncios. Puedo ver que mi mensaje ya se envió, pero no ha respondido. Más anuncios y uno que otro post divertido. El metro sigue sin llegar, la gente junto a mí también mira su celular en ratos mientras espía el túnel con la esperanza de ver las luces del vagón.
De casualidad carga un video y detengo mi dedo, lo veo un momento, pero paso al siguiente post. Vuelvo a recargar la aplicación esperando que ahora sí haya algo interesante, pero nada. Cada vez se hace más tarde, bajo el celular y lo sujeto con fuerza. Veo el túnel y alcanzo a distinguir un par de luces. El metro se escucha de nuevo, pero se detiene a la mitad de la estación. Quisiera correr hacia él y abrir las puertas, pero hay mucha gente. Poco a poco se va acercando hasta que llega al final de la estación. Lentamente, muy lentamente, se abren sus puertas, va un poco más vacío. La gente se revuelve de nuevo y varias personas entran.
Pero sigo afuera.
Es tarde, es tarde, es tarde es tarde.
El tren se aleja poco a poco, siento el aire en la cara, casi puedo tocarlo con las manos. Quisiera aventarme y tratar de irme colgado del vagón. El celular sigue en mi mano, sin quererlo vuelvo a prenderlo. Es tarde. Vuelvo a checar mi cartera, parece que sigue en mi bolsa. Estoy seguro que hay algo que estoy olvidando que debo pagar. Abro y cierro la aplicación, muevo mi dedo buscando algo. Es tarde. Veo más anuncios, creo que esta vez son un poco más interesantes, ya es muy tarde. Vuelvo a mirar el túnel, aún no veo las luces del próximo vagón. Ya no hay nadie en frente de mí, sólo a mi lado, puedo ver claramente las vías del metro. Se siente como si sólo diera un paso pudiera caer. Agarro mi celular con más fuerza.
Veo la hora en el teléfono.
Vuelvo a abrir la aplicación. Debe haber algo interesante. Ella aún no ha respondido, imagino mil cosas que le pudieron haber pasado. Muevo el dedo más rápido aunque las imágenes siguen igual de lentas. Tal vez debería llamarla, pero con la poca señal que hay no hago ni el intento. Cambio de aplicación, intento ver si carga algún video en Youtube, pero nada. Nada. Es tarde. Bajo el teléfono. El metro aún no llega. Anuncios, anuncios, ¿qué cosa es la que estoy olvidando pagar? Sigo moviendo mi dedo y mis ojos por la pantalla. ¿Cuánto tiempo ya llevo esperando? Volteo a ver el túnel y me parece ver un par de luces, pero no se acercan. Estoy viendo mucho el celular. Pero no hay nada más que hacer.
Vuelvo a voltear. Ahora sí ahí viene, empiezo a oír cómo llega, el calor se calma un poco. Pero se detiene apenas sale un poco del túnel.
Ya es tarde. YA ES TARDE.
Se queda ahí esperando, todos lo miramos. Alcanzo a ver la cara del conductor, pero no me deja saber nada. Vuelvo a prender el celular, pero no dejo de ver el vagón, la gente a mi lado parece también esperar con ansia a que vuelva a moverse. Tenía que pasar a la farmacia, eso es lo que se me había olvidado comprar. El vagón sigue inmóvil. Quizá la farmacia siga abierta cuando llegue. Quizá quedé aún medicamento para mañana. El metro no se mueve, sigue ahí, inmóvil, sin moverse, ni siquiera un poco. Veo el celular. Las imágenes ya ni siquiera cargan.
Me acerco un poco más a las vías. Oigo que alguien chifla.
Pero el vagón no se mueve.
Y ya es tarde.
¿Por qué los trenes se detienen si no hay razón aparente? Muevo el celular en mi mano y me quedo mirando fijamente el tren. No hay nada más que hacer. Sólo esperar, ver el celular. Pero es tarde. No hay nadie en las vías, nada delante del vagón, pero no avanza. Vuelvo a prender el celular. Nada carga. Nada.
Nada, nada,nada,nadanada.
Veo la hora en el teléfono. El vagón no avanza. La gente a mi lado parece inquieta, se mueve y hace ruido, siento que me empujan y quedo más al borde de las vías. Y el vagón no avanza. Las imágenes no cargan y el calor sigue siendo insorportable.
Muevo el teléfono en mis manos.
Y de repente vibra.
En las notificaciones veo su mensaje.
Escucho cómo el vagón empieza a avanzar. Se mueve lentamente. El vagón se para y las puertas se abren frente a mí, sin casi dejar salir a la gente, me meto.
Hoy también llegaré tarde, pero aún hay tiempo. Ella me está esperando.